El Código de Hammurabi: la ley escrita cuando la justicia aún tenía precio

El Código de Hammurabi: la ley escrita cuando la justicia aún tenía precio

Antes de que la justicia se escondiera tras expedientes y tribunales, fue tallada en piedra. El Código de Hammurabi, creado en Babilonia hacia el siglo XVIII a.C., no solo estableció leyes: fijó una forma de entender el orden, el castigo y el poder. Era un intento audaz de imponer reglas en un mundo donde la arbitrariedad solía mandar.

La ironía es evidente: una de las primeras leyes escritas buscaba la equidad, pero lo hacía aceptando sin pudor que no todos los hombres valían lo mismo.

Hammurabi y el poder de la ley

Hammurabi fue rey de Babilonia durante más de cuarenta años. Conquistador, administrador y político astuto, entendió que gobernar no consistía solo en vencer, sino en organizar. La ley se convirtió en su herramienta más duradera.

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Mandó grabar el código en estelas de piedra para que nadie pudiera alegar ignorancia. La justicia debía ser visible, como una amenaza permanente.

Una ley bendecida por los dioses

En la estela principal, Hammurabi aparece recibiendo las leyes del dios Shamash. El mensaje era claro: desobedecer la ley era desobedecer a los dioses.

La autoridad humana se protegía con respaldo divino.

Una sociedad jerarquizada

El código refleja una sociedad profundamente estratificada. Las penas variaban según el estatus social del culpable y de la víctima: hombres libres, dependientes y esclavos no eran iguales ante la ley.

La justicia no era ciega; miraba con atención la posición social.

El famoso “ojo por ojo”

El principio de la ley del talión buscaba limitar la venganza desmedida. El castigo debía ser proporcional al daño causado.

Paradójicamente, lo que hoy nos parece brutal fue, en su tiempo, un avance.

Delitos, castigos y vida cotidiana

El Código de Hammurabi regula contratos, herencias, matrimonios, salarios y responsabilidades profesionales. No se centra solo en crímenes, sino en la vida diaria.

La ley no solo castigaba; organizaba.

La responsabilidad profesional

Si un constructor hacía una casa defectuosa y esta se derrumbaba, pagaba con su vida. Si causaba la muerte del hijo del dueño, su propio hijo era ejecutado.

La justicia era directa, implacable y profundamente simbólica.

¿Justicia o control?

El código protegía a los débiles en algunos casos, pero también reforzaba el poder del Estado. La ley no cuestionaba el sistema: lo consolidaba.

Orden y obediencia eran inseparables.

Un freno a la arbitrariedad

A pesar de su dureza, el código limitaba la justicia personal. Los conflictos debían resolverse según normas comunes.

Era el principio del fin de la venganza privada.

El legado del Código de Hammurabi

Aunque no fue el primer conjunto de leyes, sí fue uno de los más completos y mejor conservados. Influyó en sistemas legales posteriores del Próximo Oriente.

La idea de que la ley debía estar escrita y ser pública sobrevivió al propio imperio.

La paradoja final

El Código de Hammurabi buscó justicia en un mundo desigual. No la encontró del todo, pero estableció un precedente.

Talló en piedra una verdad incómoda: la civilización avanza cuando limita la violencia, aunque aún no sepa eliminar la injusticia.

La ley nació dura, desigual y severa. Pero nació. Y eso, en la historia humana, ya es una revolución.

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